martes, 18 de febrero de 2014

Relato: Campiña Onírica

De pronto, al otro lado de la puerta y de la ventana una campiña de violáceas hierbas de un palmo de altura se extiende cortada por un camino de grandes piedras, flores de brillantes rojos, amarillos y azules llenan de color la hierba y aquí y allá largos tallos tan altos o más que un hombre se elevan coronados por flores del tamaño de una sandía cuyos pistilos rojos se mecen y tiemblan con la suave brisa que levantan las alas de las mariposas de oro y plata que refulgen reflejando el sol con cada perezoso batir. 

Al pasar remontando el camino, pequeñas criaturas rayadas y azules alzan la cabeza por encima del follaje, atraídos por el sonido de sus pasos un instante antes de volver a sumergirse entre la hierba. El sendero sube la colina pasando al lado de una elevación abrupta sobre la que un gran gato rosa de ojos dorados, tan grande como un gran danés observa con inquietante mirada, pero sin mover más que su cabeza para seguir su camino, que tuerce hacia la izquierda hasta un bosque de árboles de tronco gris y hojas moradas, tan juntos que ni aunque quisiese podría apartarse de la vereda que desciende por una ligera hondonada para luego ascender junto a una gran roca grabada con grandes espirales, pasando bajo un portal de pesados dólmenes igualmente grabados.

Bajo este pórtico se detiene, arriba parece más frío, más oscuro, el miedo finalmente hace acto de presencia, ¿se atreverá a subir?, ¿qué habrá arriba?, se pregunta. Tras unos segundos, su curiosidad vence al temor y finalmente frunce el ceño y da un paso al frente.

viernes, 17 de enero de 2014

El Cuento de la Bruja.

Ven, Iona, mi niña -Dijo la bruja Dagmar a su hijita -Voy a contarte una historia.

La pequeña se sentó en las rodillas de su madre y la miró atentamente, le encantaban sus historias, incluso las que daban miedo.

-Nuestra magia es fuerte, hija mía, fuerte pero peligrosa si uno no tiene cuidado. Esta es la historia de Namarog, rey nigromante del sur:

"El rey era un poderoso brujo y un hombre sabio como ninguno. Dominó con gran destreza las artes de la muerte y creó algunos de los hechizos que usamos hoy en día. Gracias a él, los nigromantes dejaron de ser perseguidos y empezaron a ser miembros respetados de la sociedad que usaban sus conocimientos del cuerpo y su magia para curar enfermedades y aliviar el dolor de la muerte.

Su reinado fue próspero, pero había una cosa que angustiaba al gran rey, su propia mortalidad. Su conocimiento de la muerte era tan extenso que podía sentir cómo su cuerpo decaía día tras día, lenta pero inexorablemente, así que buscó en su magia una manera de escapar de la vejez.

Intentó muchas cosas, algunas de ellas terribles, pero era tan amado, que no le faltaron voluntarios dispuestos a convertirse en horrores vivientes. Finalmente fue su buen hijo menor quien dio con la clave que su padre tanto buscaba, tan seguro estaba de su descubrimiento que se presentó voluntario para llevar a cabo el proceso. El rey siguió las instrucciones de su hijo y cuando la muerte tocó al príncipe Nuar, no pudo llevarse su espíritu, entonces el cadáver se alzó convirtiéndose en el primer no muerto, el primer liche.

El rey Namarog estaba exultante de alegría e hizo fiestas en palacio, luego investigó los cambios de Nuar estando cada vez más satisfecho y convencido de que aquella era la respuesta. Tan obnubilado estaba que no prestó atención a la extraña enfermedad que se extendió con presteza entre los habitantes del palacio, un mal que sólo respetaba el poder de aquellos que manejaban la muerte. Así cayeron muchos, incluida la mujer de Nuar, Shalúa. También hubieron desapariciones y se corrió la voz de que la muerte estaba enfadada por lo que Namarog y Nuar habían hecho.

Tzarog, el hijo mayor y heredero del rey, no estaba contento con la ambición de inmortalidad de su padre y vio con gran recelo el éxito de su hermano, así que mandó espías para que lo vigilasen. Bien hizo en sospechar, pues al regresar, los espías contaron al príncipe que su hermano era la fuente de la enfermedad y que salía por las noches para alimentar su cuerpo muerto con la sangre de los vivos acompañado por su difunta esposa Shalúa, que regresaba a la tumba al despuntar el alba.

Tzarog trató de persuadir a su padre y desenmascarar a su hermano, pero el liche fingía ser igual que siempre con absoluta veracidad, engañando a su padre y a sus criados, pues un liche conserva todos los recuerdos que tenía en vida, incluso el recuerdo de sus sentimientos de amor, pero el alma de un liche está muerta y nada siente en verdad salvo cuando sacia su sed de sangre.

En un momento de descuido, Nuar atrapó en solitario a Tzarog y le confesó sus pecados: Su primera víctima había sido su propia esposa, el sentimiento de amor había despertado su hambre y la había consumido para luego resurgirla como esclava unida a su ser, luego había intentado no alimentarse, pero aquello había aumentado su hambre hasta que no podía controlarlo y había matado a muchos siervos, siempre en silencio, siempre oculto, más tarde había conseguido controlar su necesidad drenando de muchas víctimas un poco cada vez, pero aquello le negaba el éxtasis que sentía al vaciar de vida a una persona. Al ver el horror pintado en la cara de Tzarog, Nuar se rió con una crueldad que jamás había sido suya y reconoció que le había contado la verdad para disfrutar de su frustración al no poder demostrarlo ante su padre, que al que pronto haría morir.

Tzarog trató de nuevo de persuadir a su padre, pero tal como Nuar le había dicho, no le creyó. Y así con gran dolor en su corazón, el príncipe se rebeló y se alzó en armas seguido por una gran multitud que temía el mal del liche, pero muchos más amaban a su buen rey por lo que grande fue la mortandad y cruenta la guerra. 


Tras varios años de guerra, el viejo rey quiso llevar a cabo el ritual de inmortalidad, pero Nuar le engañó y torció el conjuro para evitar su resurrección por lo que murió dejándo el trono en manos del liche. Fue entonces cuando gran parte de los hombres del rey abrió los ojos y se unieron a la rebelión de Tzarog.

Tras mucho dolor, finalmente Tzarog en persona logró decapitar a su hermano no muerto tras vencerle en un duelo singular y reclamó el trono que le pertenecía por derecho convirtiéndose en rey para regocijo del pueblo libre al fin del no muerto. Pero a la tercera noche, Nuar se levantó una vez más de la tumba y atacó ferozmente aniquilando a muchos, sin embargo dejó escapar a su hermano, burlándose de él y desafiándolo a que lo intentase de nuevo.


Cien veces se enfrentaron y de cien maneras distintas mató Tzarog a Nuar, pero cada vez que moría, al cabo de un tiempo retornaba con igual fortaleza. Desesperado, el rey construir pesadas cajas de piedra en las que introdujo las cenizas de los miembros cercenados del liche que luego fueron escondidas en lugares ocultos bajo tierra y llenos de trampas. Para mantener el secreto, sus fieles se quitaron la vida sin decirle al rey la ubicación exacta de cada caja a fin de que jamás fuesen halladas y el no muerto regresase para azotar la tierra y desangrar a los hombres".

Terminado el cuento, la bruja dijo a su hijita.

-Un liche es una plaga viviente, más difícil de matar que ninguna otra, pues ya está muerto, recuerda lo que es amar y sentir, pero no ama ni siente y su magia se crece en la muerte, sin embargo todos ellos tienen mentes humanas, no importa lo malvados que se hayan vuelto o lo poderosos que sean, se les puede engañar, si eres lo bastante lista y valiente para hacerlo.


-Sí, madre -Contestó la pequeña Iona sin saber que quince años después de aquel cuento debería seguir su consejo y usar su ingenio para escapar de su madre propia madre convertida en liche, la gran bruja Dagmar, la Plaga de Voalheim.


martes, 17 de diciembre de 2013

Era del Caos. Capítulo 2. Escena 6.

Libro Primero: En el ojo del Remolino.


 Una Cueva Concurrida.
 
Ocelón se había adentrado sólo en la jungla siguiendo su instinto para encontrar a la mujer que perseguía al fugitivo. Después de mucho rato andando escuchó los cascos de un caballo y sin dudar le salió al paso. 

-Saludos, me he perdido en la jungla y busco un refugio donde... -Su voz se cortó un momento al darse cuenta de que había encontrado a la mujer que buscaba. -¿Te encuentras bien?, ¿encontraste al fugitivo?

-¿Tú no eres de por aquí verdad?

-No, desde luego, pero no me importaría quedarme si fuese en tan buena compañía -Contestó él con una sonrisa encantadora. Ella le observó de arriba abajo desde su capucha contemplando su apostura y complacida le ofreció ayuda.

-No hay mucho refugio en la selva y hacia el este hay una cueva donde mora un peligroso fantasma, muchos han desaparecido en ese lugar.

-Deben ser fantasmas ruidosos porque desde aquí se oyen voces de hombres hablando -También ella se volvió, sorprendida al escuchar aquel murmullo que antes, tal vez por la superstición del lugar, no había podido oir.

-Creo que no hay tales fantasmas, hermosa. Acerquémonos y no temas, yo te protegeré.

Pese a la renuencia de ella, se acercaron juntos a la zona de la caverna hallando allí un grupo de personas conversando tranquilamente, guarecidas de las pesadas gotas de lluvia que empezaban a caer sobre la isla. El grupo pareció percatarse de los recién llegados y rápidamente adoptaron posiciones de combate. Una mujer que Calipso reconoció como la que había liberado a los prisioneros en el muelle echó mano de su arco para apuntarles con mano presta mientras la extraña criatura, mezcla de hombre y tejón que había liberado se cuadraba a cuatro patas y mostraba sus pequeños colmillos inflando la poderosísima musculatura de su espalda mientras gruñía con el pelo de su columna y cola erizado.

El caballo de la Exénia se encabritó y aunque su dueña y el hombre a pie trataron de controlarlo, un nuevo gruñido de la criatura lo desbocó y tras derribar a su jinete salió huyendo al galope hacia las profundidades de la selva. 

-¿Estás bien? -Preguntó Ocelón abrazándola con su izquierda mientras defendía los cuerpos de ambos con la espada de su diestra

-¡No!, ¡Poseidón, mi caballo! - Exclamó ella mirando en la dirección hacia la que había huido su montura.

-No venimos a luchar -Dijo Ocelón a los de la cueva tras comprobar de un vistazo que la mujer no tenía heridas graves -Anochece y no tenemos refugio para la lluvia- Potrodelviento y Peder intercambiaron miradas, luego la mujer bajó su arco con cautela mientras el otro se erguía sobre sus cortas piernas.

-De acuerdo -Anunció la nómada Orminón -Podéis entrar en la cueva, pero sabed que podéis posar aquí tan sólo hasta el amanecer.

-Yo no puedo, tengo que encontrar a mi caballo -Se quejó Calipso con cierta desesperación mientras se levantaba del suelo húmedo.

-Yo lo encontraré -Dijo Potrodelviento dando un paso al frente -Soy Orminón, criadora de caballos, además yo tengo montura con la que seguir a tu compañero -Silbó y la magnífica yegua blanca surgió de la oscuridad de la caverna para colocarse al lado de su hermana de alma, que montó sobre su grupa de un salto -¿Cómo se llama tu caballo?-

-Poseidón -La jinete sólo asintió y tras echar una mirada angustiada al cielo se internó a paso vivo espesura.

-Vamos dentro, siempre es más seguro estar en una cueva -Indicó Peder haciendo de anfitrión y llevando a la desconocida pareja al interior del refugio rocoso.


El cielo se había desplomado a la caída del sol y la salida de la cueva había quedado bloqueada por un río de agua y barro que corría furioso hacia el mar. Una hoguera ardía trémula en el interior de la caverna, alimentada por las pocas ramitas secas que habían logrado encontrar antes de que empezase a llover como si el cielo fuese a derrumbarse sobre ellos. Peder, Calipso y Ocelón se calentaban con las llamas mientras trataban de conocerse mutuamente y especulaban sobre lo que podía estar sucediendo en la isla. Por su parte, Peder se preguntaba qué estarían haciendo el sacerdote-serpiente, Adán y Fafnir en las profundidades de la caverna, pero no quería apartarse de la entrada por si regresaba Potro.

-Está tardando mucho -Comentó Peder con impaciencia tras varias horas removiéndose una vez que su curiosidad por los dos nuevos inquilinos de la cueva estuvo satisfecha.
-Es probable que haya quedado atrapada por la tormenta y haya buscado otro refugio donde guarecerse hasta que escampe un poco -Respondió Ocelón tratando de calmarle.

-Espero que Poseidón esté bien -Murmuró Calipso, preocupada -Le puede haber mordido una serpiente o haberse caído por alguna zanja y roto una pata... estaba muy asustado.

-Que no se turbe tu ánimo, confía en la mano de la Orminón, no hay gente más diestra con los caballos.
En ese momento, el sonido de uno pasos chapoteando les llegó desde el exterior de la cueva, al cabo de unos largos segundos apareció en la entrada no una Orminón y su yegua, sino un hombre de largos cabellos y ropas de cuero adornadas con huesos y pelo de caballo, completamente empapado.

-Vaya tiempo hace, eh -Saludó el recién llegado con ligereza mientras tomaba asiento junto al fuego cerca de Calipso, a la que dedicó una obvia mirada de interés que la recorrió de arriba abajo mientras dejaba a su lado su arco con plena confianza. 

-¿¡Y tú quien eres!?- exclamó Peder, casi indignado por la naturalidad con la que el desconocido había llegado y sin siquiera una mínima presentación o permiso se había acomodado junto a ellos.

-Soy Loboveloz, el mejor cazador Orminón al sur del Mar de los Vientos -Dijo el otro con orgullo, casi como si estuviese esperando la pregunta -Si suelen viajar mucho, tal vez hayan oído hablar de mí -respondió con una sonrisa deslumbrante. El grupo se miró entre sí y negaron con la cabeza, pero aquello no pareció desinflar el ánimo del recién llegado -Suele pasar, seguramente no viajan mucho por zonas de caza... Bueno y ya que nos presentamos ¿qué eres tú?, no había visto nada parecido- preguntó a Peder.

-Soy Peder, Peder Rocafría, soy un janar- contestó inflando su amplio y musculoso pecho con orgullo.

-No te pareces a ningún janar que yo haya visto, todos son altos y flacos, tu en cambio... -Lo miró de arriba abajo un momento -Eres todo lo contrario.

-Soy un Colatejón, una raza distinta -Contestó el janar con sequedad, claramente ofendido por el desdén del cazador -Vivimos bajo las montañas, muy al sur -Aclaró finalmente.

-He cazado algo por ahí, pero ni vi a ninguno ni escuché de ellos.

-No fuiste lo bastante lejos -Bufó cortante el Colatejón.

-Seguramente, tampoco me van mucho las cuevas... Espero no haberte ofendido, pequeño -El otro sólo refunfuñó algo ininteligible como única respuesta, luego, el cazador se volvió hacia Calipso ignorando por completo la existencia de Ocelón -Una joven tan guapa no debería tener una mirada tan triste, querida ¿qué sucedió?, ¿un mal amor tal vez?, quizá pueda consolarte -Dijo posando una mano casual en el hombro de ella, que sutilmente se apartó dejándola caer permitiendo a penas un ligero roce.

-En absoluto, cazador, pero no es asunto para tratar con desconocidos -Contestó ella enarcando una ceja.

-Extraño de ver que una sacerdotisa de Caidamari tímida, especialmente una que maneja la espada, pero me gustan las mujeres que saben defenderse -Respondió dedicándole una sonrisa pícara.

-Molestas a las señorita -Intervino Ocelón.

-No ha dicho nada en tal sentido -Respondió el otro encogiéndose de hombros.

-Es obvio que no te ve lo bastante hombre para ella, de necesitar un hombre, requeriría de un hombre de verdad.

-¿Acaso eres tú tal hombre? -Contestó el Orminón mirándolo de arriba abajo con una mueca burlona.

-Tal vez o tal vez no, pero sin duda tú no -Respondió con claro gesto de desafío.

Calipso soltó un sonoro suspiro de hastío murmurando "hombres" y se levantó para sentarse junto a Peder, luego descorchó la botella de ron Exénio que pendía de su cintura con los dientes y tras darle un par de tragos le ofreció a Peder. Tras un momento de duda sopesando el contenido de la botella, ofreció también a los otros dos con una mirada de advertencia y éstos bebieron un educado sorbo para evitar las iras de la sacerdotisa.

De las sombras del interior de la caverna apareció Adán, acercándose con su habitual silencio hasta que se dio cuenta de los "nuevos inquilinos" de la cueva, a los que echó un sombrío y prudente vistazo. 

-Karth ha encontrado una salida alternativa en la parte trasera de la caverna. Debemos ir.

-¡No podemos!- contestó Peder como un resorte -Potrodelviento fue a buscar el caballo de esa humana y todavía no ha vuelto, ¡no podemos irnos sin ella! -Adán sopesó la nueva información con cierto desagrado, luego se sentó dejando escapar un suspiro resignado.

-Entonces habrá que esperar...

lunes, 16 de diciembre de 2013

Pesadilla Interminable


Me llaman loco porque no quiero dormir, ¡loco, dicen!, cuando son ellos los que se acuestan tan tranquilos en sus cómodas camas, con sus mullidas almohadas y se dejan ir ¡voluntariamente!, ¿es que no lo entienden? No, claro, es que al despertar no recuerdan lo que sucede mientras duermen ¡pero yo sí!. Yo lo recuerdo todo. Recuerdo cada vez que he sido herido, mutilado, perseguido, torturado y engañado por una realidad que esos insensatos dicen que es falsa, ¡FALSA! Sólo porque el sufrimiento se desvanece al despertar dicen que es falsa. No, amigo mío, es muy auténtica, sólo que mueres sin morir, deseas el descanso de la muerte, pero ésta no llega, nunca llega, no puede llegar, ¡es un maldito sueño!, pero es real, y por más que tu cuerpo esté sano al despertar, sabes que cuando caiga la noche, cuando el cansancio te derrote, volverás a entrar ahí, en ese infierno oscuro, a sufrir ocho horas de tortura ¿ocho?, ¡ojalá!, pero no, ahí dentro el tiempo pasa distinto, un día puede pasar en un momento y un momento puede durar días. Ojalá fueran sólo ocho horas... o más bien las cinco que duermo. 

Dicen que dormir cinco horas es malo para mi salud, que afectará a mi mente, que terminaré volviéndome loco, ¿serán imbéciles?, ¡YA estoy loco!, pero no por evitar dormir, ¡justamente por lo contrario!. Ellos no ven lo que yo veo, ni sufren lo que yo sufro, porque no recuerdan nada, tan sólo un escalofrío... ¡Ah, lo que daría yo porque fuese sólo un escalofrío!

Los malditos médicos me han encerrado en una celda acolchada, dicen que soy peligroso para mi mismo, ¡como si les importara lo que me pase!, van a cobrar igual su inútil sueldo a fin de mes me pase lo que me pase. Encima me han puesto una camisa de fuerza, ¡estupendo, ahora también me dejan indefenso!, ¿por qué no me ponen una manzana en la boca y me suben a una bandeja ya que estamos?. Me dan sedantes, "te ayudará a dormir mejor" dicen, ¡ignorantes!, ¡me han condenado a muerte!, ¿que por qué lo sé?, porque ya veo la sangre brotar de las costuras de las paredes, densa y oscura, el charco ya va cerrando el círculo a mi alrededor y noto su hirviente calor ácido acercándose. Ya puedo oír los gruñidos hambrientos, me están esperando.

Esta noche moriré otra vez... muchas veces.

miércoles, 4 de diciembre de 2013

Diaro del Escritor: Documentación I

Llevo dos semanas sin actualizar el blog, todo un (vergonzoso) récord. Lo cierto es este pasado mes de noviembre ha sido de locos en donde trabajo y fuera del empleo han habido tantas cosas que tenía que trabajar para mi proyecto casi por las noches (y alguna madrugada también), al final la sobreestimulación pudo conmigo y a penas si podía pensar qué poner para la entrada, y de hecho, tenía preparada la escena siguiente de Era del Caos, pero lo olvidé por completo... en fin.

Pero bueno, de lo que quiero hablar es de la experiencia nocturna de estas semanas en las que mi proyecto ha avanzado sigiloso mientras el resto dormía y en concreto de lo interesante que puede llegar ser la labor de documentación. Mi proyecto personal (o al menos el proyecto principal) está ambientado a finales del siglo XIX y principios del XX, una época estupenda para la literatura y el cine, sobre todo los géneros romántico y de terror, quizás precisamente por ser la época en la que convivieron a la par tradicionalidad e innovación tecnológica. 

Mi labor de documentación empezó por los descubrimientos de la época y de entrada me llamó la atención el campo de la medicina, en el que descubrí grandes curiosidades y me quedó bastante claro que antes de esa época, la gente se moría de cosas que hoy en día nos parecen tonterías que pasamos como si nada. Pero como se suele decir "para descubrir hay que probar" y en esa época se probaron algunos métodos bastante extremos que solían matar al paciente o dejarlo mucho peor. Por ejemplo, para la tuberculosis encontré métodos como romper las costillas para que el enfermo respirase mejor o atravesar los pulmones con agujas al rojo vivo para cauterizar las zonas afectadas por la enfermedad. Material de primera para un relato de terror ambientado en un hospital.

El siguiente paso, la economía, está siendo algo menos interesante y divertido, no sólo porque el tema no me apasiona en absoluto sino porque en internet resulta complicado conseguir la información que busco, algunas cosas sí, como cuánto valía un kilo de pan o un periódico, pero otras resultan mucho más complicadas de encontrar, por ejemplo, si pones cuánto vale una pistola en el siglo XIX te salen millones de páginas que te venden réplicas o antigüedades. Y eso me lleva al siguiente paso para documentarme, hablar con un experto en la materia. Admito que me resulta muy emocionante la perspectiva de ir en busca de un maestro que me ilustre y siento curiosidad por saber quién y cómo será ese pobre al que voy a agobiar con mis preguntas, jejeje.

Por lo pronto empezaré por la universidad, que afortunadamente no me queda lejos. Ya comentaré qué tal la experiencia.