miércoles, 29 de mayo de 2013

La Hoguera del Caballero Errante

El fuego de la hoguera ardía con calmada intensidad, templando con su crepitar el ánimo del solitario caballero errante que al amparo de su dorada luz descansaba.

En sus ojos, las llamas ardían con un fulgor muy distinto al de su hoguera. Una llama llama inquietante, alimentada por la feroz batalla que libraba en su interiro.Una batalla contra sus recuerdos y arrepentimientos, contra cada muerte que no pudo o no quiso evitar. Una guerra contra cada horror que había enfrentado hasta ese momento y contra el temor al que debía hacer frente en breve.

El caballero errante cerró los ojos y suspiró. Había logrado vencer una noche más al peor de sus enemigos: Su propia locura.


 

Publicado en El Vagón de las Artes Nº 9.
www.elvagondelasartes.es

viernes, 17 de mayo de 2013

Era del Caos. Capítulo 1. Escena 7.

Libro Primero: En el ojo del remolino.

Cruzando el muro

La noche cayó sobre la ciudad y mientras los hombres se maceraban en gritería y alcohol dentro de las tabernas, Peder y su compañero emergieron silenciosamente de su escondite bajo el desvencijado edificio en el que se habían ocultado de sus perseguidores. Una vez fuera, cruzaron en silencio la calle que les separaba de la muralla exterior. Allí, la escasa guardia nocturna hacía su ronda sobre el muro mirando sin mucho recelo la oscuridad de la jungla que a sus puertas de hierro tocaba silenciosa y serena.

Al amparo de las tinieblas, el janar juzgaba la estructura con ojo experto mientras su compañero trataba de evitar que la traicionera luna delatase su enorme cuerpo. 

-¡son unos verdaderos chapuzas!- masculló irritado el janar -mira estas piedras, en serio, ¡míralas!, ¿cómo diablos no se les ha caído esta basura encima?, si tuviera mis herramientas les tumbaba esta aberración en un momento y...

Tras unos minutos maldiciendo la pésima habilidad como constructores de los habitantes de la isla, su compañero dejó de escuchar por completo, atendiendo con anhelo a la promesa de libertad que traía el viento desde la selva. Sólo una débil estructura de piedra de a penas unos metros le separaban de ella. Peder detuvo sus quejas y llamó su atención. 

-¿me estás escuchando?- el salvaje asintió levemente desde la oscuridad -aquí está la salida

-no hay nada -dijo su compañero tras observar el muro detenidamente, no habiendo ningún hueco por el que poder colarse.

-¿es que no ves la colocación de las piedras? -replicó algo exasperado -estas están en un vano, la estructura se sostiene en aquel punto y en ese otro -la pequeña criatura señalaba a un lado y otro hablando como si todo lo que decía fuese obvio, pero para él seguía siendo un muro de sólidas piedras amontonadas. Peder pareció notarlo en su rostro inexpresivo y su mirada estática por lo que se rindió -no lo pillas ¿verdad? -suspiró -no pasa nada, tú ayúdame a empujar este bloque. 

Aquello si era algo que podía entender y juntos se apoyaron contra una losa de piedra, empujándola con los hombros al unísono. La roca se quejó, pero puso poca resistencia ante sus poderosas musculaturas y finalmente salió por el otro lado del muro dejando entrar una corriente de aire perfumado y húmedo.

-¡genial!, esta era la parte difícil, saquemos estas dos y podremos escurrirnos afuera -señaló animado el pequeño y siguiendo sus expertas instrucciones soltaron los bloques necesarios para poder pasar arrastrándose hasta el exterior.

Una vez fuera, la criatura se volvió como para volver a poner las piedras en su sitio, pero en lugar de eso garabateó en su lengua (consciente de que no serían entendidas) las siguientes palabras: "VUESTRA MURALLA ES UNA CHAPUZA". Luego corrieron hacia la selva ocultándose de las miradas de los guardias, que no vieron más que ramas moverse en la jungla.


Atravesaron los árboles en la penumbra de la noche alejándose más y más de los ruidos de la ciudad hasta que a penas fueron un murmullo lejano en la oscuridad de la noche. A sugerencia del salvaje, subieron a los árboles para evitar cualquier fiera que pudiera atacarles y así poder descansar con cierta tranquilidad.

-Por cierto- dijo el janar mientras comían algunos insectos y frutos de los árboles -todavía no me has dicho tu nombre.

-Ohsoderof -contestó el salvaje -Los otros esclavos me llamaban Adán, supongo que no sabían decir bien mi nombre -añadió encogiéndose de hombros.

-Eres un poco conformista ¿no? -comentó peder masticando unos escarabajos de crujientes caparazones.

-No le doy importancia a cosas que no la tienen. Un nombre no es importante, lo es la persona.

-Aaahm... entiendo -respondió Peder, cuanto más hablaba con aquel humano grande (para ser humano) más diferente se veía de los otros humanos, tan llenos de complejidades incomprensibles e inútiles. Aquello le resultaba de lo más curioso y finalmente añadió -los humanos son unas criaturas muy raras y variables.

lunes, 13 de mayo de 2013

El arte y la narración

Desde el inicio de los tiempos, el ser humano ha tenido la necesidad de comunicar a otros, pero no sólo en el sentido de compartir información objetiva, sino de transmitir una experiencia cargada de emociones, destinada a hacer sentir tanto como a transferir conocimientos y sabiduría.

Desde aquellos lejanos días en los que  los ancianos y chamanes mostraban a los jóvenes el mundo a través de sus canciones, leyendas y pinturas en la roca viva de las cuevas, el ser humano ha buscado siempre nuevas formas de contar sus historias y hacerlas vivir y sentir a los demás usando métodos cada vez más sofisticados. Así, las pinturas rupestres se convirtieron en grabados y esculturas, luego en lienzos, mucho más tarde en fotografías hasta dar paso a las imágenes digitales de hoy. Por otro lado, las canciones dieron paso a la poesía y la lírica, se inventaron un sinfín de instrumentos para hacer vibrar las historias en el corazón, se inmortalizaron en libros, se crearon métricas y se destruyeron sólo para volver a inventarse y luego combinar las palabras con imágenes para crear libros ilustrados, cómics y novelas gráficas. De la colaboración entre muchos deseosos de participar en esas historias surgió el teatro y siglos más tarde éste se combinó con la fotografía para dar lugar al cine, al que más tarde se unirían la lírica y la música para hacerlo más vívido, sumándose incluso el dibujo y la pintura para dar a luz al cine animado; y algo de tiempo más tarde se añadieron nuevas tecnologías para no sólo seguir enriqueciéndose y haciendonos casi palpable lo que sólo existe en la imaginación mientras estamos sentados en la butaca, sino también para engendrar el videojuego, que de sus orígenes como mero entretenimiento audiovisual ha pasado a ser prácticamente una forma de cine interactivo que hoy en día toma cada vez más fuerza.

Independientemente de la técnica o combinación que se use, todo surge de la necesidad de una persona de compartir y con ello hacer cobrar vida una idea, una historia cargada de experiencias, emociones y conocimientos. Esa persona, la piedra angular de todo esto, el Narrador.

Pero, ¿quien puede convertirse en Narrador?, la respuesta es simple, cualquiera, y en cierta medida todos somos narradores pues ¿quien no se ha emocionado contando (y adornando) alguna anécdota?. Sean cuales sean las habilidades de uno todo surge de ese deseo de comunicar, una necesidad que debemos satisfacer con valentía y de la mejor manera a nuestro alcance para enriquecernos nosotros y a todos aquellos a los que llegue el mensaje.

Atrevámonos a innovar y explorar nuevas formas de contar lo que sentimos, ¡atrevámonos a ser Narradores!