viernes, 17 de mayo de 2013

Era del Caos. Capítulo 1. Escena 7.

Libro Primero: En el ojo del remolino.

Cruzando el muro

La noche cayó sobre la ciudad y mientras los hombres se maceraban en gritería y alcohol dentro de las tabernas, Peder y su compañero emergieron silenciosamente de su escondite bajo el desvencijado edificio en el que se habían ocultado de sus perseguidores. Una vez fuera, cruzaron en silencio la calle que les separaba de la muralla exterior. Allí, la escasa guardia nocturna hacía su ronda sobre el muro mirando sin mucho recelo la oscuridad de la jungla que a sus puertas de hierro tocaba silenciosa y serena.

Al amparo de las tinieblas, el janar juzgaba la estructura con ojo experto mientras su compañero trataba de evitar que la traicionera luna delatase su enorme cuerpo. 

-¡son unos verdaderos chapuzas!- masculló irritado el janar -mira estas piedras, en serio, ¡míralas!, ¿cómo diablos no se les ha caído esta basura encima?, si tuviera mis herramientas les tumbaba esta aberración en un momento y...

Tras unos minutos maldiciendo la pésima habilidad como constructores de los habitantes de la isla, su compañero dejó de escuchar por completo, atendiendo con anhelo a la promesa de libertad que traía el viento desde la selva. Sólo una débil estructura de piedra de a penas unos metros le separaban de ella. Peder detuvo sus quejas y llamó su atención. 

-¿me estás escuchando?- el salvaje asintió levemente desde la oscuridad -aquí está la salida

-no hay nada -dijo su compañero tras observar el muro detenidamente, no habiendo ningún hueco por el que poder colarse.

-¿es que no ves la colocación de las piedras? -replicó algo exasperado -estas están en un vano, la estructura se sostiene en aquel punto y en ese otro -la pequeña criatura señalaba a un lado y otro hablando como si todo lo que decía fuese obvio, pero para él seguía siendo un muro de sólidas piedras amontonadas. Peder pareció notarlo en su rostro inexpresivo y su mirada estática por lo que se rindió -no lo pillas ¿verdad? -suspiró -no pasa nada, tú ayúdame a empujar este bloque. 

Aquello si era algo que podía entender y juntos se apoyaron contra una losa de piedra, empujándola con los hombros al unísono. La roca se quejó, pero puso poca resistencia ante sus poderosas musculaturas y finalmente salió por el otro lado del muro dejando entrar una corriente de aire perfumado y húmedo.

-¡genial!, esta era la parte difícil, saquemos estas dos y podremos escurrirnos afuera -señaló animado el pequeño y siguiendo sus expertas instrucciones soltaron los bloques necesarios para poder pasar arrastrándose hasta el exterior.

Una vez fuera, la criatura se volvió como para volver a poner las piedras en su sitio, pero en lugar de eso garabateó en su lengua (consciente de que no serían entendidas) las siguientes palabras: "VUESTRA MURALLA ES UNA CHAPUZA". Luego corrieron hacia la selva ocultándose de las miradas de los guardias, que no vieron más que ramas moverse en la jungla.


Atravesaron los árboles en la penumbra de la noche alejándose más y más de los ruidos de la ciudad hasta que a penas fueron un murmullo lejano en la oscuridad de la noche. A sugerencia del salvaje, subieron a los árboles para evitar cualquier fiera que pudiera atacarles y así poder descansar con cierta tranquilidad.

-Por cierto- dijo el janar mientras comían algunos insectos y frutos de los árboles -todavía no me has dicho tu nombre.

-Ohsoderof -contestó el salvaje -Los otros esclavos me llamaban Adán, supongo que no sabían decir bien mi nombre -añadió encogiéndose de hombros.

-Eres un poco conformista ¿no? -comentó peder masticando unos escarabajos de crujientes caparazones.

-No le doy importancia a cosas que no la tienen. Un nombre no es importante, lo es la persona.

-Aaahm... entiendo -respondió Peder, cuanto más hablaba con aquel humano grande (para ser humano) más diferente se veía de los otros humanos, tan llenos de complejidades incomprensibles e inútiles. Aquello le resultaba de lo más curioso y finalmente añadió -los humanos son unas criaturas muy raras y variables.

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