Tengo un proyecto literario en el que trabajo como mínimo un día a la semana, en concreto el martes, que lo tengo como "el día del proyecto", una etiqueta tan seria como puede ser ir a trabajar cada mañana y (casi) tan vital como comer. Según el plan que me hice a finales de octubre del año pasado, la parte escrita debería estar terminada o al menos en su fase Beta en un año. Llegó finales de julio y tras las vacaciones hice balance de cuánto había avanzado, la verdad es que estaba muy contento porque tenía acabadas las partes más vitales del mismo y sobre un 65-70% del total, confieso que me sentí orgulloso de mí mismo. Pero entonces llegó agosto, y por diferentes motivos ha sido un mes de completo desánimo, no sólo a nivel artístico sino en general, y claro, el mes se ha consumido sin avances, septiembre le ha seguido y aunque he hecho algunos progresos, son bastante tímidos, lo que supone un retraso importante para el proyecto... Y no es que pase algo si no termino a tiempo, no tengo un editor dándome con el látigo en la espalda, ni el mundo acabará en esa fecha, ni se extinguirá mi gran oportunidad de dedicarme a lo que me gusta, no, nada de eso, si no consigo llegar a la fecha no sucederá nada en absoluto salvo que tendré que lidiar con la sensación de fracaso al no haber sido capaz de terminar en el plazo y el bajón que eso supone.
La cuestión es ¿cómo lidia uno con esos momentos en los que no quieres hacer algo que realmente te encanta?, lo cierto es que esa sensación se puede dar por varios motivos.
- Es posible que estés saturado de tu proyecto y la mente te pida otra cosa para salir del "empacho", lo que suele ocurrir cuando uno se sobreesfuerza más de la cuenta. En este caso no hay alternativa (o por lo menos a mí no me ha funcionado ninguna de las que se me han ocurrido), hay que dejarlo aparcado un poco y hacer otras cosas divertidas que te permitan no pensar en ello, pero ojo, no hay que pasarse con este tiempo de barbecho porque luego cuesta voler al tema y recuperar el ritmo, una semanita está bien, tal vez dos, pero en mi experiencia mejor no más que eso.
- Estrés. El terrible y angustioso estrés es el principal culpable de que las musas huyan de ti como si fueses un apestado. Lo malo del estrés es que suele ser justificado, es decir, el artista recibe una presión externa que no puede evitar y que le agobia horrorosamente. A algunos artistas, cierto grado de presión los motiva y realizan obras de un estilo diferente al habitual, pero de igual calidad (algunos incluso mejor), pero en mi caso, la inspiración no se lleva bien con la presión. Para aliviar el problema, lo mejor es la técnica de la olla exprés, es decir, buscar algo que ayude a aliviar esa presión, soltar toda la posible y después, más aliviado, ponerte a trabajar en lo que te gusta. ¿Qué cosas pueden aliviar la presión?, ya hice una entrada sobre ello en el blog (échale un vistazo aquí http://goo.gl/m70Gt).
- Mala época. Como a cualquier persona, a veces pasamos por una mala época por distintas causas, lo que afecta a todas las áreas de nuestra vida, una enfermedad, la ruptura de una relación, problemas de trabajo y mil y un etcéteras nos pueden dejar sin fuerzas para continuar. Es importante pasar ese dolor inicial sin temor a dejar temporalmente las cosas, pero una vez asimilada la situación uno no debe seguir sumido en ese estado de depresión sino que debe comenzar a trabajar en su arte, de hecho, muchos artistas han alimentado a sus musas con la tristeza y obtenido grandes obras. En mi caso concreto, soy del tipo optimista, por lo que mi arte va mejor cuando estoy contento, pero pese a ello, cuando he pasado estos momentos tristes, me he forzado un poco a seguir y al final eso me ha ayudado a recuperar el ánimo, algo así como una terapia.
Tal vez no lo termine a tiempo, pero sé que voy a terminarlo y a sentirme a gusto con el resultado. Al final, eso es lo que verdaderamente importa.
