He aquí una ilustración hecha a lapiz para uno de mis proyectos.
Está hecha íntegramente con lápiz y luego manipulado un poco la luz y el contraste digitalmente.
viernes, 21 de junio de 2013
viernes, 14 de junio de 2013
Juegos Interpretativos
Desde siempre, nos ha gustado imaginar que somos otras personas, especialmente de niños, cuando todos soñamos con ser algo, ya sea astronautas, princesas, caballeros, bomberos, cocineros y cosas así. Estos juegos contribuyen a nuestro desarrollo normal y en cierta medida, este "teatrillo" nos prepara para la vida real y nos ayuda en parte también a interrelacionarnos con otros niños, con los que aprendemos además a resolver conflictos de una u otra forma, pues no siempre los niños están de acuerdo en cómo interpretar algo, pero se las arreglan para plantear a su manera sus puntos de vista para llegar a un consenso, a veces marchándose enfadados cuando no se llega a una solución satisfactoria.
En mi opinión personal, "estos juegos de niños" son el origen del teatro y por extensión, el cine. Sin embargo, no es de esto de lo que me gustaría hablar, sino de otra evolución de estos mismos juegos interpretativos a los que llamamos "juegos de rol".
Básicamente un juego de rol es similar a jugar al teatro o las películas, con la diferencia de que es más adulto, con unas reglas muy concretas y un narrador/director de juego que hila toda la historia y da vida al entorno, pudiendo jugarse sin necesidad de nada a parte de la imaginación de todos los participantes, aunque normalmente suele haber papel, lápiz y unos dados que aporten ese elemento aleatorio para hacer interesantes los eventos y de esa forma no dependa únicamente del criterio del narrador o los jugadores.
Muchos clichés pesan sobre los que juegan a estos juegos declarándolos antisociales y "raros", pero nada más lejos de la realidad, de hecho, es todo lo contrario porque estos juegos a lo que invitan es precisamente a relacionarse con otras personas y abrirse al mundo abandonando el sentido del ridículo para poder interpretar el personaje y de paso reirse un poco de uno mismo, fomentando al mismo tiempo la creatividad de una forma impresionante ya que requiere tanta imaginación como leer un libro, una dosis de teatro y algo de ingenio para superar los distintos retos que la historia expuesta por el narrador plantea a los jugadores, lo que lo convierte en una actividad sumamente recomendable para cualquiera con un mínimo de gusto por una buena historia, sin importar el género, porque en esto los juegos de rol son de lo más variado y no se limitan a la fantasía al estilo de Tolkien, como marca el cliché, sino que abarcan casi cualquier género, desde la ciencia ficción más futurista a tramas policíacas al estilo del cine negro o de acción, pasando por supuesto por el terror más refinado y la comedia, vamos, para todos los gustos.
Así pues, desde la Ventana del Inovaian recomiendo a todo el mundo que pruebe los juegos de rol, que se junten con un par de amigos, busquen un narrador o hagan sus propias historias, prueben y disfruten. ¡La diversión está garantizada!
En mi opinión personal, "estos juegos de niños" son el origen del teatro y por extensión, el cine. Sin embargo, no es de esto de lo que me gustaría hablar, sino de otra evolución de estos mismos juegos interpretativos a los que llamamos "juegos de rol".
Básicamente un juego de rol es similar a jugar al teatro o las películas, con la diferencia de que es más adulto, con unas reglas muy concretas y un narrador/director de juego que hila toda la historia y da vida al entorno, pudiendo jugarse sin necesidad de nada a parte de la imaginación de todos los participantes, aunque normalmente suele haber papel, lápiz y unos dados que aporten ese elemento aleatorio para hacer interesantes los eventos y de esa forma no dependa únicamente del criterio del narrador o los jugadores.
Muchos clichés pesan sobre los que juegan a estos juegos declarándolos antisociales y "raros", pero nada más lejos de la realidad, de hecho, es todo lo contrario porque estos juegos a lo que invitan es precisamente a relacionarse con otras personas y abrirse al mundo abandonando el sentido del ridículo para poder interpretar el personaje y de paso reirse un poco de uno mismo, fomentando al mismo tiempo la creatividad de una forma impresionante ya que requiere tanta imaginación como leer un libro, una dosis de teatro y algo de ingenio para superar los distintos retos que la historia expuesta por el narrador plantea a los jugadores, lo que lo convierte en una actividad sumamente recomendable para cualquiera con un mínimo de gusto por una buena historia, sin importar el género, porque en esto los juegos de rol son de lo más variado y no se limitan a la fantasía al estilo de Tolkien, como marca el cliché, sino que abarcan casi cualquier género, desde la ciencia ficción más futurista a tramas policíacas al estilo del cine negro o de acción, pasando por supuesto por el terror más refinado y la comedia, vamos, para todos los gustos.
Así pues, desde la Ventana del Inovaian recomiendo a todo el mundo que pruebe los juegos de rol, que se junten con un par de amigos, busquen un narrador o hagan sus propias historias, prueben y disfruten. ¡La diversión está garantizada!
jueves, 6 de junio de 2013
Era del Caos. Capítulo 1. Escena 8.
Libro Primero: En el ojo del remolino.
Ofensa
A la mañana siguiente de su fuga de la ciudad, Adán y Peder decidieron explorar el lugar para descubrir dónde se encontraban, de modo que cruzaron la jungla en línea recta hacia las montañas, pero tras varias horas andando, se vieron de nuevo ante el muro. Anonadados por haberse perdido reemprendieron la caminata marcando la senda, pero siempre acababan llegando al muro, incluso tras varios días perdidos en la selva, tomando caminos alternativos y estrafalarios siempre acababan delante del muro de un modo u otro. Finalmente, decidieron arriesgarse y seguir el camino que partía de la muralla hacia el oeste y el norte, subiendo por las bajas montañas que circundaban la jungla.
Ascendieron evitando ser vistos desde la muralla y remontaron el camino hasta que la altura fue suficiente como para ver todo alrededor, entonces detuvieron su avance sorprendidos por la vasta extensión de mar que cubría el horizonte en todas direcciones.
-Una isla...- murmuró Adán sentándose sobre una piedra, asimilando hasta qué punto estaba perdido y lejos de su hogar.
-Vaaaaaya- exclamó Peder con asombro -así que eso es el mar, ¡increíble! ¿Quién hubiera imaginado que hubiera tantísima agua junta?... ¡un momento!, estamos rodeados de agua, ¿cómo vamos a volver casa?-
-en barco- resopló Adán, visiblemente deprimido.
-o sea que...- sus ojos se volvieron hacia la ciudad y los barcos atracados en el puerto -¡MALDITOS EXENIOS!-
Peder se desplomó junto a su compañero de desventuras y pasó unos momentos observando la isla, hasta que su mirada recayó en el extraño edificio de la cima sur de la isla, similar a una concha de cangrejo ermitaño.
-¡ey!, ¿has visto ese edificio?, ¡vamos a explorarlo, a lo mejor encontramos algo!- exclamó echando a andar con entusiasmo seguido de mala gana por el otro.
Tras largas horas andando por aquella senda curva llegaron al templo sobre el acantilado y tras admirar la impresionante vista se dirigieron hacia la puerta del edificio, que se abrió antes de que llegasen a ella, saliendo un hombre de mirada extraña y ropas azules adornadas con espirales claras.
-Decidme... - dijo el monje haciendo una pausa para observar a los fornidos prófugos ataviados con simples taparrabos, centrándose especialmente en la extraña criatura de pequeño tamaño, pero sólida musculatura, visiblemente preocupado por las cuatro peligrosas zarpas que tenía en las manos en lugar de dedos -¿Cuál es el motivo de vuestra... visita?-
-quiero entrar, y ver cómo está hecho el edificio, ¡ah, y ver qué hay ahí dentro! -contestó el janar dando un paso adelante, seguro de que su argumento le permitiría el paso.
-me temo- respondió el sacerdote interponiéndose en su camino al tiempo que entrecerraba la puerta -que no pueden pasar sin pagar la debida ofrenda-
-hmm...- el interpelado observó la mano cóncava del otro y sopesó el detalle, luego miró alrededor y colocó una piedra lisa y redonda sobre el hueco de la mano -venga, y no te la gastes en cualquier cosa ¿eh?- le contestó alegremente al monje, que no daba crédito a aquella falta de respeto.
-creo que deben marcharse- determinó bloqueando de nuevo el paso al janar.
-vámonos, Peder. No quiero problemas- comentó Adán volviéndose para desandar el camino.
A regañadientes, Peder siguió al salvaje, insistiendo en que deberían entrar y que la calidad de aquella piedra que había dado como ofrenda no era cualquier cosa. Mientras el pequeño hablaba sin parar, Adán detuvo el paso al ver por el camino un caballo blanco montado por una mujer, el otro se detuvo al instante y siguió su mirada, reconociendo a la jinete la llamó.
-¡Eeeh, la del caballo!, ¿qué tal?, ¿me recuerdas?, me quitaste las cadenas, ¿vas al templo?, ¡llévanos!- la joven y su montura se miraron un instante.
-parece que lograron escapar -comentó la mujer a su montura, que asintió con un bufido como respuesta.
-si, gracias por liberarnos- contestó Adán, muy serio.
-de nada -respondió, luego se volvió a Peder -Si, pequeño, Makaala y yo vamos al templo.
-¡genial!, hay un tipo ahí que no nos deja pasar sin una ofrenda, yo ofrendé una piedra, pero no una cualquiera, una de calidad ¿te puedes creer que la dejó caer como si no fuera nada?, en fin ¿nos ayudas a entrar?, sólo quiero echar un vistazo...-
La mujer y la yegua se miraron mutuamente, sopesando la propuesta mientras el janar continuaba con su interminable retahila de argumentos -de acuerdo, el de la puerta también me cae mal, seguro que eso le molesta.
Los cuatro se encaminaron al templo, siendo recibidos por el portero, que no pudo disimular su desagrado hacia los acompañantes de la muchacha, especialmente hacia el janar, que le dedicó una sonrisa triunfal al pasar a su lado. El portero les guió por la sala hasta el pasillo espiral que ascendía hasta el lugar sagrado mientras Peder observaba la estructura con ojo experto, preguntándose qué clase de mineral era aquel que devolvía un reflejo nacarado tan bello, quería hacerle una habitación a su hermana con aquella piedra, si era posible.
Finalmente llegaron ante la puerta del santuario y el portero indicó que sólo ella debía cruzar la puerta. Peder protestó, pero decidió no tentar más su suerte y se contentó con seguir examinando la extraña piedra brillante sin sospechar que, en realidad, la estructura era la concha de una gigantesca criatura marina dentro de la cual los monjes habían construido pisos y decorado las paredes con otras conchas más pequeñas, llenando todo el espacio de pequeñas espirales.
La joven entró en el santuario y cruzando la sala hasta la bandeja de los sacrificios dejó allí una caracola y una babosa verde con rayas iridiscentes en el lomo aún viva. La joven asistenta del sumo sacerdote, casi una niña, recogió el plato y lo llevó hasta el sumo sacerdote, que acarició una de sus nalgas como agradecimiento, Potro gruñó por lo bajo ante aquello, dándose cuenta que hacía más que ayudar al anciano.
-Viejo -dijo conteniendo sus ganas de cortarle la mano al anciano -me falta la piedra. Si te pago mandarás a uno de los tuyos a buscarla?... tengo pasta- apostilló de último recordando las horas fregando en aquella desvencijada y mugrienta posada apestosa llena de borrachos que sólo se bañaban cuando caían al mar.
El anciano de retorcidas barbas observó los objetos, sorprendido por la brevedad con la que aquella Orminón los había hallado y pensó unos momentos, luego se levantó alisando su toga de lino cobalto profusamente decorada con espirales de diversos tamaños e hizo una señal a su asistente para que se acercase a la joven con una gran concha de caracol en cuyo orificio depositó el pago. Luego se retiró tras los cortinajes ocultos detrás de una columna regresando un poco más tarde con una bandeja sobre la que humeaba una piedra rojiza y oscura, que ofreció al sumo sacerdote con unas tenazas. El sacerdote la ignoró durante unos momentos, mientras introducía la babosa en la caracola que Potrodelviento había ofrendado. Finalmente tomó las tenazas y dejó caer en el interior de la caracola la piedra ardiente y la babosa emitió un chillido agudo que se convirtió en un siseo desagradable al verse amplificado por la caracola, un ruido que inundó la sala mientras empezaba a salir una extraña humareda iridiscente que se extendió girando sobre sí misma al tiempo que se concentraba, cada vez más densa. De repente se formó una cabeza humana entre los danzantes colores que se retorcían sobre sí mismos, luego un musculoso torso masculino, unos brazos fuertes y unas piernas torneadas, finalmente el resto del humo continuó flotando en lentos torbellinos a la espalda de aquel hombre cubierto por brillantes tatuajes que retorcían sus ondulantes colores en espirales encadenadas que se movían hipnóticamente.
El sumo sacerdote contempló por uno momento al ser recién aparecido con los ojos abiertos como platos, luego se inclinó hasta el suelo en señal de reverencia, así como también la asistenta y los demás sacerdotes que casi parecían parte de la decoración. La joven orminón miró alrededor e imitó al resto comprendiendo que no se hallaba ante un enviado, sino ante el mismísimo Tsikeriní, dios del remolino, que la miraba intensamente desde el altillo del sumo sacerdote.
-dejadnos- susurró y su voz acarició la estancia con la suavidad de la seda, pero grabando su orden en el alma de los presentes como un cincel graba una piedra. Llenos de temor, los sacerdotes abandonaron la sala cerrando las puertas tras ellos.
La joven sintió al dios atravesar su alma con la mirada mientras descendía del altillo por la rampa como si fuera cualquier humano, salvo que su imponente presencia hacía vibrar el tuétano de sus huesos.
-no temas, querida. Levántate-
-m.. mi señor...- respondió levantándose torpemente, sin atreverse a contemplar su rostro.
-sé lo que te aflige, y puedo liberarte- comentó sin más miramientos. Ante su rudeza, ella no pudo evitar mirarlo directamente, allí apoyado contra la pared con sus poderosos brazos cruzados ante su magnífico pecho, con una deslumbrante media sonrisa curvando sus angulosas y atractivas facciones.
-¿d.. de verdad?- aquella declaración la había dejado atónita.
-por supuesto, pero como comprenderás, nada es gratuito... -dijo con una mirada extraña en su rostro perfecto.
-¿qué podría desear de mí vuestra magnificencia?- preguntó agachando la cabeza para ocultar el terror que le producía la respuesta.
-te redimiré a cambio de que me sirvas como esposa en este templo por diez años- los ojos de la joven se abrieron de golpe y se le secó la garganta, aquello era más de lo que estaba dispuesta a dar. .
-Pero señor... ya enfadé una vez a vuestro padre, el dios del viento, ¿no le ofendería aún más si cambio sus rezos por los vuestros?-
-despreocúpate. Deja a los dioses los asuntos de los dioses. Mi oferta es verdadera, tienes mi palabra, mi padre aceptará nuestro trato sin represalias -aseguró el dios con un ademán de su mano, restándole importancia al asunto.
-Pero señor, diez años son demasiados, yo sirvo al viento, no puedo encadenarme a un lugar por tanto tiempo- los suaves remolinos de las alas de humo de la deidad comenzaron a girar algo más rápido, reflejando la irritación del dios.
-¿te atreves a rechazar a un dios por tu estúpida tradición nómada, mortal?, ¿qué son diez años cuando puedes estar en compañía de un dios?
Su voz tronó como una cascada seguido por un viento recio que azotó la sala y derribó a la mujer, rechinando entre las caracolas de las paredes con un ruido ensordecedor. Asustada, Potrodelviento se levantó torpemente huyendo hacia los gruesos portalones del santuario, cerrándolos tras de sí para luego descender. A penas si había ganado unos metros de distancia cuando la madera crujió y se rasgó dejando pasar el vendaval en el que se había convertido el alarido de rabia de la deidad, descendiendo tras ella con garras de aire que arañaban las paredes y el suelo, arrancando las incrustaciones y despedazando a los pocos monjes que tuvieron la desgracia de interponerse en su camino.
-¡Corred! -chilló como respuesta a la mirada interrogante del janar y el salvaje cuando pasó a su lado como una exhalación, al mirar por donde había venido la joven, ambos contemplaron el aire girar violentamente arrastrando sin misericordia a los sacerdotes que imploraban piedad a su dios enloquecido, sin recibir otra cosa que una brutal muerte por innumerables cortes y desgarros. Sin pensarlo dos veces, los dos emprendieron la carrera para salir del templo detrás de la Orminón.
-¡Makaala, vámonos!- gritó al atravesar las puertas del templo para luego saltar a la grupa de la yegua que emprendía el galope sin cuestionarla
-¿qué pasó?!- gritó el janar sobre el viento huracanado, corriendo a cuatro patas a cierta distancia.
-¡huye y calla!- gritó ella y al mirar atrás contempló horrorizada una enorme nube subir del templo formando un gigantesco remolino de negros nubarrones que rápidamente cubrieron todo el cielo de la isla. Siguiendo la mirada de ella, los otros miraron el fenómeno celeste y comprendiendo la gravedad del asunto se lanzaron fuera del camino selva abajo para evitar la mirada iracunda del ojo del huracán que se formaba en el centro de la tormenta.
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