Me
llaman loco porque no quiero dormir, ¡loco, dicen!, cuando son ellos los que se
acuestan tan tranquilos en sus cómodas camas, con sus
mullidas almohadas y se dejan ir ¡voluntariamente!, ¿es que
no lo entienden? No, claro, es que al despertar no recuerdan lo que sucede mientras duermen
¡pero yo sí!. Yo lo recuerdo todo. Recuerdo cada vez que he sido herido, mutilado, perseguido, torturado y
engañado por una realidad que esos insensatos dicen que es falsa, ¡FALSA! Sólo porque el
sufrimiento se desvanece al despertar dicen que es falsa. No, amigo mío, es muy
auténtica, sólo que mueres sin morir, deseas el descanso de la muerte, pero ésta
no llega, nunca llega,
no puede llegar, ¡es un maldito sueño!, pero es real, y por más que tu
cuerpo esté sano al despertar, sabes que cuando caiga la noche, cuando
el
cansancio te derrote, volverás a entrar ahí, en ese infierno oscuro, a
sufrir ocho horas de
tortura ¿ocho?, ¡ojalá!, pero no, ahí dentro el tiempo pasa distinto, un
día puede pasar en un momento y un momento puede durar días. Ojalá
fueran sólo ocho horas... o más bien las cinco que duermo.
Dicen
que dormir cinco horas es malo para mi salud, que afectará a mi mente,
que terminaré volviéndome loco, ¿serán imbéciles?, ¡YA estoy loco!,
pero no por evitar dormir, ¡justamente por lo contrario!. Ellos no ven
lo que yo veo, ni sufren lo que yo sufro, porque no recuerdan nada, tan
sólo un escalofrío... ¡Ah, lo que daría yo porque fuese sólo un
escalofrío!
Esta noche moriré otra vez... muchas veces.
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