lunes, 16 de diciembre de 2013

Pesadilla Interminable


Me llaman loco porque no quiero dormir, ¡loco, dicen!, cuando son ellos los que se acuestan tan tranquilos en sus cómodas camas, con sus mullidas almohadas y se dejan ir ¡voluntariamente!, ¿es que no lo entienden? No, claro, es que al despertar no recuerdan lo que sucede mientras duermen ¡pero yo sí!. Yo lo recuerdo todo. Recuerdo cada vez que he sido herido, mutilado, perseguido, torturado y engañado por una realidad que esos insensatos dicen que es falsa, ¡FALSA! Sólo porque el sufrimiento se desvanece al despertar dicen que es falsa. No, amigo mío, es muy auténtica, sólo que mueres sin morir, deseas el descanso de la muerte, pero ésta no llega, nunca llega, no puede llegar, ¡es un maldito sueño!, pero es real, y por más que tu cuerpo esté sano al despertar, sabes que cuando caiga la noche, cuando el cansancio te derrote, volverás a entrar ahí, en ese infierno oscuro, a sufrir ocho horas de tortura ¿ocho?, ¡ojalá!, pero no, ahí dentro el tiempo pasa distinto, un día puede pasar en un momento y un momento puede durar días. Ojalá fueran sólo ocho horas... o más bien las cinco que duermo. 

Dicen que dormir cinco horas es malo para mi salud, que afectará a mi mente, que terminaré volviéndome loco, ¿serán imbéciles?, ¡YA estoy loco!, pero no por evitar dormir, ¡justamente por lo contrario!. Ellos no ven lo que yo veo, ni sufren lo que yo sufro, porque no recuerdan nada, tan sólo un escalofrío... ¡Ah, lo que daría yo porque fuese sólo un escalofrío!

Los malditos médicos me han encerrado en una celda acolchada, dicen que soy peligroso para mi mismo, ¡como si les importara lo que me pase!, van a cobrar igual su inútil sueldo a fin de mes me pase lo que me pase. Encima me han puesto una camisa de fuerza, ¡estupendo, ahora también me dejan indefenso!, ¿por qué no me ponen una manzana en la boca y me suben a una bandeja ya que estamos?. Me dan sedantes, "te ayudará a dormir mejor" dicen, ¡ignorantes!, ¡me han condenado a muerte!, ¿que por qué lo sé?, porque ya veo la sangre brotar de las costuras de las paredes, densa y oscura, el charco ya va cerrando el círculo a mi alrededor y noto su hirviente calor ácido acercándose. Ya puedo oír los gruñidos hambrientos, me están esperando.

Esta noche moriré otra vez... muchas veces.

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