miércoles, 4 de diciembre de 2013

Diaro del Escritor: Documentación I

Llevo dos semanas sin actualizar el blog, todo un (vergonzoso) récord. Lo cierto es este pasado mes de noviembre ha sido de locos en donde trabajo y fuera del empleo han habido tantas cosas que tenía que trabajar para mi proyecto casi por las noches (y alguna madrugada también), al final la sobreestimulación pudo conmigo y a penas si podía pensar qué poner para la entrada, y de hecho, tenía preparada la escena siguiente de Era del Caos, pero lo olvidé por completo... en fin.

Pero bueno, de lo que quiero hablar es de la experiencia nocturna de estas semanas en las que mi proyecto ha avanzado sigiloso mientras el resto dormía y en concreto de lo interesante que puede llegar ser la labor de documentación. Mi proyecto personal (o al menos el proyecto principal) está ambientado a finales del siglo XIX y principios del XX, una época estupenda para la literatura y el cine, sobre todo los géneros romántico y de terror, quizás precisamente por ser la época en la que convivieron a la par tradicionalidad e innovación tecnológica. 

Mi labor de documentación empezó por los descubrimientos de la época y de entrada me llamó la atención el campo de la medicina, en el que descubrí grandes curiosidades y me quedó bastante claro que antes de esa época, la gente se moría de cosas que hoy en día nos parecen tonterías que pasamos como si nada. Pero como se suele decir "para descubrir hay que probar" y en esa época se probaron algunos métodos bastante extremos que solían matar al paciente o dejarlo mucho peor. Por ejemplo, para la tuberculosis encontré métodos como romper las costillas para que el enfermo respirase mejor o atravesar los pulmones con agujas al rojo vivo para cauterizar las zonas afectadas por la enfermedad. Material de primera para un relato de terror ambientado en un hospital.

El siguiente paso, la economía, está siendo algo menos interesante y divertido, no sólo porque el tema no me apasiona en absoluto sino porque en internet resulta complicado conseguir la información que busco, algunas cosas sí, como cuánto valía un kilo de pan o un periódico, pero otras resultan mucho más complicadas de encontrar, por ejemplo, si pones cuánto vale una pistola en el siglo XIX te salen millones de páginas que te venden réplicas o antigüedades. Y eso me lleva al siguiente paso para documentarme, hablar con un experto en la materia. Admito que me resulta muy emocionante la perspectiva de ir en busca de un maestro que me ilustre y siento curiosidad por saber quién y cómo será ese pobre al que voy a agobiar con mis preguntas, jejeje.

Por lo pronto empezaré por la universidad, que afortunadamente no me queda lejos. Ya comentaré qué tal la experiencia.

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