viernes, 17 de enero de 2014

El Cuento de la Bruja.

Ven, Iona, mi niña -Dijo la bruja Dagmar a su hijita -Voy a contarte una historia.

La pequeña se sentó en las rodillas de su madre y la miró atentamente, le encantaban sus historias, incluso las que daban miedo.

-Nuestra magia es fuerte, hija mía, fuerte pero peligrosa si uno no tiene cuidado. Esta es la historia de Namarog, rey nigromante del sur:

"El rey era un poderoso brujo y un hombre sabio como ninguno. Dominó con gran destreza las artes de la muerte y creó algunos de los hechizos que usamos hoy en día. Gracias a él, los nigromantes dejaron de ser perseguidos y empezaron a ser miembros respetados de la sociedad que usaban sus conocimientos del cuerpo y su magia para curar enfermedades y aliviar el dolor de la muerte.

Su reinado fue próspero, pero había una cosa que angustiaba al gran rey, su propia mortalidad. Su conocimiento de la muerte era tan extenso que podía sentir cómo su cuerpo decaía día tras día, lenta pero inexorablemente, así que buscó en su magia una manera de escapar de la vejez.

Intentó muchas cosas, algunas de ellas terribles, pero era tan amado, que no le faltaron voluntarios dispuestos a convertirse en horrores vivientes. Finalmente fue su buen hijo menor quien dio con la clave que su padre tanto buscaba, tan seguro estaba de su descubrimiento que se presentó voluntario para llevar a cabo el proceso. El rey siguió las instrucciones de su hijo y cuando la muerte tocó al príncipe Nuar, no pudo llevarse su espíritu, entonces el cadáver se alzó convirtiéndose en el primer no muerto, el primer liche.

El rey Namarog estaba exultante de alegría e hizo fiestas en palacio, luego investigó los cambios de Nuar estando cada vez más satisfecho y convencido de que aquella era la respuesta. Tan obnubilado estaba que no prestó atención a la extraña enfermedad que se extendió con presteza entre los habitantes del palacio, un mal que sólo respetaba el poder de aquellos que manejaban la muerte. Así cayeron muchos, incluida la mujer de Nuar, Shalúa. También hubieron desapariciones y se corrió la voz de que la muerte estaba enfadada por lo que Namarog y Nuar habían hecho.

Tzarog, el hijo mayor y heredero del rey, no estaba contento con la ambición de inmortalidad de su padre y vio con gran recelo el éxito de su hermano, así que mandó espías para que lo vigilasen. Bien hizo en sospechar, pues al regresar, los espías contaron al príncipe que su hermano era la fuente de la enfermedad y que salía por las noches para alimentar su cuerpo muerto con la sangre de los vivos acompañado por su difunta esposa Shalúa, que regresaba a la tumba al despuntar el alba.

Tzarog trató de persuadir a su padre y desenmascarar a su hermano, pero el liche fingía ser igual que siempre con absoluta veracidad, engañando a su padre y a sus criados, pues un liche conserva todos los recuerdos que tenía en vida, incluso el recuerdo de sus sentimientos de amor, pero el alma de un liche está muerta y nada siente en verdad salvo cuando sacia su sed de sangre.

En un momento de descuido, Nuar atrapó en solitario a Tzarog y le confesó sus pecados: Su primera víctima había sido su propia esposa, el sentimiento de amor había despertado su hambre y la había consumido para luego resurgirla como esclava unida a su ser, luego había intentado no alimentarse, pero aquello había aumentado su hambre hasta que no podía controlarlo y había matado a muchos siervos, siempre en silencio, siempre oculto, más tarde había conseguido controlar su necesidad drenando de muchas víctimas un poco cada vez, pero aquello le negaba el éxtasis que sentía al vaciar de vida a una persona. Al ver el horror pintado en la cara de Tzarog, Nuar se rió con una crueldad que jamás había sido suya y reconoció que le había contado la verdad para disfrutar de su frustración al no poder demostrarlo ante su padre, que al que pronto haría morir.

Tzarog trató de nuevo de persuadir a su padre, pero tal como Nuar le había dicho, no le creyó. Y así con gran dolor en su corazón, el príncipe se rebeló y se alzó en armas seguido por una gran multitud que temía el mal del liche, pero muchos más amaban a su buen rey por lo que grande fue la mortandad y cruenta la guerra. 


Tras varios años de guerra, el viejo rey quiso llevar a cabo el ritual de inmortalidad, pero Nuar le engañó y torció el conjuro para evitar su resurrección por lo que murió dejándo el trono en manos del liche. Fue entonces cuando gran parte de los hombres del rey abrió los ojos y se unieron a la rebelión de Tzarog.

Tras mucho dolor, finalmente Tzarog en persona logró decapitar a su hermano no muerto tras vencerle en un duelo singular y reclamó el trono que le pertenecía por derecho convirtiéndose en rey para regocijo del pueblo libre al fin del no muerto. Pero a la tercera noche, Nuar se levantó una vez más de la tumba y atacó ferozmente aniquilando a muchos, sin embargo dejó escapar a su hermano, burlándose de él y desafiándolo a que lo intentase de nuevo.


Cien veces se enfrentaron y de cien maneras distintas mató Tzarog a Nuar, pero cada vez que moría, al cabo de un tiempo retornaba con igual fortaleza. Desesperado, el rey construir pesadas cajas de piedra en las que introdujo las cenizas de los miembros cercenados del liche que luego fueron escondidas en lugares ocultos bajo tierra y llenos de trampas. Para mantener el secreto, sus fieles se quitaron la vida sin decirle al rey la ubicación exacta de cada caja a fin de que jamás fuesen halladas y el no muerto regresase para azotar la tierra y desangrar a los hombres".

Terminado el cuento, la bruja dijo a su hijita.

-Un liche es una plaga viviente, más difícil de matar que ninguna otra, pues ya está muerto, recuerda lo que es amar y sentir, pero no ama ni siente y su magia se crece en la muerte, sin embargo todos ellos tienen mentes humanas, no importa lo malvados que se hayan vuelto o lo poderosos que sean, se les puede engañar, si eres lo bastante lista y valiente para hacerlo.


-Sí, madre -Contestó la pequeña Iona sin saber que quince años después de aquel cuento debería seguir su consejo y usar su ingenio para escapar de su madre propia madre convertida en liche, la gran bruja Dagmar, la Plaga de Voalheim.


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