lunes, 12 de agosto de 2013

El último baño

En silencio se dirige al baño despojándose de la ropa mientras camina para meterse en el jacuzzi de aquella lujosa habitación de un hotel que decíase estar maldito. Está cansada de luchar contra el mundo, harta de tener esperanza, enferma de culpabilidad por la inevitable y degenerativa muerte de su hermana que se había empeñado en impedir a costa de perder su propia libertad, pero inevitable igualmente. Había entrado allí con otros para oponerse al mal de aquel lugar, ella era el médico del equipo, pero ella no había visto mal alguno, sólo lujo, vanidad y opulencia... todo cuanto ella nunca pudo disfrutar. Si aquello era el infierno, sin dudar firmaría su condena.




Abre el grifo del agua caliente y sólo la caliente, que quema como si fuese lava, pero no le duele, no siente nada. No le preocupa que las luces de la habitación vayan perdiendo brillo hasta apagarse, ni se inmuta cuando observa que el agua en que se baña se ha convertido en sangre, sólo importa que la intensa sensación ardiente calma su angustia, o más bien anestesia su dolor embriagándola con una sensación que no es paz, sino más bien como cuando uno cae en un pesado sueño, un sueño en el que la conciencia se disuelve y desaparece poco a poco la hiriente luz de la esperanza que durante todos aquellos años había estado iluminando su sendero, animándola a seguir adelante, a buscar la manera de detener lo inevitable tan sólo para, al final, dejarla caer en un pozo más oscuro...

Allí, tumbada a oscuras, sumergida en sangre hirviente y burbujeante, la esperanza y el amor salen de su corazón, extirpados de su alma, calcinados y disueltos para siempre en la roja oscuridad. 
 
Finalmente emerge lentamente del pozo de sangre, convertida en algo distinto, oscuro y carente de aquella luz hiriente... no, ese dolor no regresará nunca más. En su lugar hay un vacío hueco y frío, un hambre extraña por esa misma luz que le duele y desprecia, una necesidad de arrancársela del pecho a cualquiera que la tenga y convertirlo en lo que ahora es ella, un ser libre de la luz mentirosa de la esperanza y el amor que crece en el corazón como un cáncer, una enfermedad que ella, como médico, debe extirpar...

 Con esa ida obsesiva como un apetito insaciable sale de la habitación embadurnada aún en una sangre que tal vez sea la de su propio corazón muerto, pero ya no importa, ahora ya no puede enfermar, no puede morir, ya no es humana, débil y sometida a estupideces como la bondad. Ahora ella es algo más fuerte, más oscuro... y pronto, todos serán como ella.

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