Atracción
-Alistair,
mira aquello -Dijo el primer encapuchado a su joven compañero -Eso sí
es una auténtica perla de los mares, ¡te lo digo yo!
-¿Qué cosa, maestro Ocelón? -Quiso saber el aludido mientras buscaba con la mirada entre la gente a qué se refería.
-¿Cómo que qué cosa, Alistair?, parece mentira... ¡La mujer sobre el caballo negro, por supuesto!, ¡es preciosa!-
-Pero señor -Replicó el interpelado tras un vistazo rápido -Está encapuchada, ¿cómo puede saber si es bella o no -Ocelón colocó su mano sobre el hombro de su aprendiz y le observó con mirada condescendiente.
-Chico,
cuando tienes la experiencia que yo, sabes cuando una mujer es bella
sin necesidad de verle la cara. Tú quédate aquí y observa, ¿de acuerdo?
Voy a hablar con ella y te demostraré que en el amor y en la guerra mi
instinto nunca falla -Le dio unas palmaditas y dio un paso para
encaminarse hacia su objetivo.
-Pero... ¿qué pasa con el asunto del templo? -Ocelón se detuvo, volvió a mirarle con una media sonrisa y contestó despreocupado.
-Tranquilo,
Ali. El templo no se va a ir de ahí, además, ella también está haciendo
cola para presentar sus ofrendas. Un caballero no puede dejar a una
dama desprotegida en medio de toda esta gente, ¡faltaría más! -Exclamó fingiendo ultraje y se volvió para ir en pos de ella.
De
pronto, en el preciso instante en el que todo el mundo había bajado la
voz resonaron las palabras de alguien entre el gentío que exclamaba: "¿El dios del remolino?... Que baje y veremos qué tan terrible es".
La multitud se volvió hacia el blasfemo y comenzaron a perseguirle en
tromba como una ola de un mar embravecido que arrastró consigo a Ocelón,
dejándolo separado de su compañero,
obligándolo a saltar barranco abajo evadiendo ramas, rocas, árboles y
algún que otro lugareño que al parecer había preferido descender rodando
por el suelo.
Ya
abajo, algo más libre de la presión de la multitud, Ocelón se volvió un
instante buscando a su aprendiz, pero entre tanta gente tardaría un
buen rato, sin embargo no le importó demasiado, Alistair era
suficientemente mayorcito como para cuidarse solo en aquella situación,
así que continuó la persecución del fugitivo, aunque con otro objetivo
en mente algo distinto al de la turba de la que se separó en cuanto
pudo. Sin duda aquel pobre insensato no merecía el linchamiento que le
esperaba, sin embargo lo importante era que la chica del caballo podría
encontrarse sola y desamparada frente a aquel "peligroso guerrero
extranjero" que podría propasarse con ella o algo... por supuesto, él no
podía permitir que pasase cosa semejante, ¿verdad?.
No hay comentarios:
Publicar un comentario