viernes, 22 de febrero de 2013

De los cuentos y la educación

Estaba el otro día hablando con mi padre sobre la educación de hoy y la de ayer (específicamente la mía) y la importancia de los cuentos de hadas a la hora de criar personas de mentalidad coherente y equilibrada, y observamos que las historias que se cuentan a los niños hoy en día son excesivamente empalagosas y acolchadas, como temiendo que los niños se traumaticen por culpa del lobo feroz.


Es cierto que los cuentos de toda la vida son oscuros, incluso terroríficos, si se cuentan como es debido. Por ejemplo el lobo de caperucita, zalamero y seductor, pero terrible y traicionero; la bruja de la casita de chocolate de Hänsel y Gretel, tan espantosamente cruel que obligaba a la niña a limpiar mientras engordaba a su hermano para comérselo sin que ella pudiera hacer nada más que lamentar su suerte; o la bestia de la bella y la bestia, condenada a una forma terrible por su orgullo y la dureza de su corazón, equiparando su exterior al interior. 


Vistos de esta forma (como realmente son), los cuentos lucen terribles y parecen más pensados para traumatizar que para entretener, sin embargo su propósito no es ni lo uno ni lo otro, el verdadero propósito de los cuentos es enseñar una verdad de la vida y la vida es tan terrible como hermosa.  Gracias al terrible lobo, los niños no se entretienen por el camino ni hablan con extraños especialmente si ofrecen algo; gracias a la malvada bruja, los niños no sólo entienden que algo demasiado bueno puede tener gato encerrado sino que si colaboran juntos y son astutos pueden escapar del mal; gracias a la bestia, los niños aprenden las consecuencias del orgullo y el significado de la redención y la esperanza.


Pero, ¿qué consecuencias tiene este “proteger la inocencia“?, los niños crecen viendo sólo una cara buena de la moneda, saben que la mala está ahí, los niños no son tontos por más que los adultos queramos creernos lo contrario, pero aprenden que la gente adulta ya se encarga de eso y así, los niños siguen siendo bebés cuando deberían ser niños y niños cuando deberían estarse convirtiendo en adultos. El cuerpo no espera por la mente y sin haber madurado se encuentran un día con que son (supuestamente) adultos y la realidad exige algo de ellos. ¿Acaso esto no supone un mayor trauma que el que pueda producir el lobo feroz?


El problema, por supuesto, es mucho más grande que la parte que corresponde a los cuentos, pero básicamente la cuestión es la egoísta insistencia de los adultos de mantener a los niños siendo niños para así disfrutar de su infancia el mayor tiempo posible, en lugar de intentar que se conviertan en personas preparadas para vivir el mundo. Esto no significa irse al otro extremo y ofrecerles una vida dura y gris, pues también es mostrarles sólo una cara de la moneda, una muy amarga y deprimente que les quitaría la alegría y el amor por la vida.


Sólo a través del equilibrio entre las dos caras de la vida es que podemos ofrecer una educación adecuada. Tomemos ejemplo de los cuentos, que equilibran la imaginación con la lección y así muestran la verdad a través de la fantasía.

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