viernes, 18 de octubre de 2013

Era del Caos. Capítulo 2. Escena 5.

Libro Primero: En el ojo del remolino


Extraños compañeros de cueva

Tras un rato hablando, el señor de la caverna había llegado a una serie de conclusiones sobre sus nuevos "inquilinos":  Lo primero, el guerrero llamado Adán era un Zalshid como él y por tanto podía confiar en que respetaría su territorio; lo segundo, que la mujer de la yegua le había mentido y tenía mucho que ver con la repentina furia del dios del remolino; y tercero que odiaba profundamente a la criatura pequeña y fuerte, pues carecía por completo de respeto por el territorio, la propiedad privada o la intimidad de los demás, además de resultar insoportable una vez comenzase a preguntar. Pensó en echarlos, pero ya había accedido a que permaneciesen allí esa noche, así que se retiró al interior de la caverna desactivando el hechizo de "temor" que mantenía encantada la cueva. 

En la entrada de la caverna, el grupo comenzó a notar el cambio de ambiente después de que el "hombre-serpiente" se marchase y conversaban entre sí sobre sus vidas. La jinete abandonó la charla tras un rato y se sentó en el suelo de cara al exterior con las piernas cruzadas,  con los ojos cerrados y en voz baja tarareó una canción rítmica y cargada de emoción, tras unos segundos alzó un poco la cabeza y elevó la intensidad, el aire parecía hacer eco de su voz y la esparció en todas direcciones. Las conversaciones cesaron y los otros observaron a la mujer en silencio por un momento hasta que, al cabo de unos segundos bajó volando un precioso pájaro quetzal que se posó en el suelo delante de ella. 

-Te saludo, hijo del viento -Dijo la orminón agachando la cabeza en señal de respeto, el ave pió y agachó el cuerpo en una especie de reverencia, luego la mujer continuó -Oh, hijo del viento, te ruego que le lleves un mensaje a nuestro señor.

Peder quiso acercarse movido por la curiosidad, profundamente sorprendido al ver a un ave hacer una reverencia, pero una fuerte mano se posó en su hombro y le detuvo. 

-No molestes a un sacerdote cuando habla con un mensajero de su dios -Dijo con un susurro solemne.

-Sólo quiero ver el pájaro... ¿viste que hizo una reverencia?, ¿crees que puedo aprender a hacer eso yo también? -Contestó el otro interrumpiéndose con sus propias preguntas. 

-Calla y observa -Respondió el salvaje.

-Llévale mis súplicas de ayuda y sé raudo, antes que el dios de aquí cierre los cielos y ni siquiera tú puedas salir de esta isla.

Dicho esto, el ave abrió sus alas y voló rápidamente hacia el sur, desapareciendo de su vista.

-¿Vendrá tu dios a ayudarnos? -Preguntó Adán tras unos segundos con evidente preocupación

-Vendrá... tiene que hacerlo -respondió con enigmático nerviosismo.

Unos ruidos entre los árboles pusieron al grupo en guardia. Adán y Peder se ocultaron entre las paredes de roca mientras Potrodelviento preparaba una flecha apuntando hacia la espesura.  

Pasaron unos segundos angustiosos, el crujir de las hojas se hizo más fuerte y pesado, acompañado de un sonido metálico. Los guerreros ocultos apretaron fuerte las empuñaduras de sus armas y la arquera tensó aún más la cuerda mientras una gota de sudor resbalaba por su sien izquierda. 

De entre los ramajes surgió una figura ancha y encapuchada, con púas atravesando su capa por los hombros y la espalda . 

-¡Alto ahí!, ¿Quién eres y qué quieres?- gritó ella con voz amenazadora. 

-Mmh... -Murmuró el jinete unos instantes sopesando la aparición -No eres un fantasma, qué decepción -dijo como para sí -Sólo busco refugio, pero nunca rechazo una buena pelea. Eso sí, más vale que tengas algo en ese arco, mujer, de lo contrario no me darás ni para empezar.

-Ven y compruébalo -Desafió Potrodelviento con dureza mientras medía la distancia. El otro agarró el arma que llevaba a la espalda, pero pareció pensárselo dos veces y la soltó despacio.

-Me encantaría, pero el cielo arrecia y la villa me persigue. Luchemos dentro, si es que hay espacio, o al menos donde el ruido no atraiga a la gente -Respondió. El ruido lejano confirmó como un fiel testigo la historia del guerrero y la arquera bajó su arma con desconfianza. El fen se adentró en la caverna sorprendiéndose por los tres guardianes ocultos que le habrían atacado si hubiese cedido a su violento instinto. Dos segundos después se sorprendió aún más al ver a Peder

-¡Maldito animal hocicudo!, ¿qué rayos haces aquí? -Le espetó escupiendo su rabia.

-Oh, vaya, qué coincidencia -Exclamó el otro con alegría -¿Qué haces aquí?

-Yo pregunté primero, maldito topo del demonio.

-Me vieron husmeando unas bolsas y se pensaron que estaba robando, ¡pero yo sólo quería saber qué había dentro!, me pusieron unos grilletes y a remar en un barco.

-No me sorprende, eres un mal ladrón. Yo vine por aquí a lo de siempre, buscando un desafío. ¿Bueno y el resto qué? -Dijo mirando alrededor -¿También retaron a un duelo al dios local? -La sorpresa enmudeció a los presentes, incapaces de creer que existiera alguien tan insensato. 

-¿Dijiste eso delante de todo el pueblo? -Exclamó Potrodelviento.

-Si, no hace ni dos horas. Había seguido hasta el templo a la gente del pueblo, pensé que era algún tipo de 
fiesta patronal o algo, allí solté eso y me empezó a perseguir la isla entera... ¡malditos fanáticos!

-¿Cómo llegasste a la cueva? -Interrumpió el sacerdote serpiente, algo preocupado por la cantidad de gente que había llegado a su refugio en un mismo día. 

-Iba con una mujer que me salvó el culo llevándome en su caballo, buscábamos un lugar donde escondernos cuando me di cuenta de que ella estaba dando un rodeo. Al preguntarle me dijo que no se acercaría a la cueva porque había un fantasma. Pensé que una cueva sería un buen refugio y si había un fantasma lo echaría a patadas, pero al final sólo eran supersticiones.

-Ssea como ssea, tú también deberáss irte al amanecer. Essta es mi cassa.

-De acuerdo, hombre serpiente, al amanecer me iré -Contestó tras mirar un instante la cueva y decidir si valía o no la pena luchar con aquel escuálido hombre vestido con piel de culebra y ojos de reptil.

No hay comentarios:

Publicar un comentario