Libro Primero: En el ojo del remolino
El Refugio de la Serpiente
Finalmente podían recobrar aliento. Extenuados por la carrera através de la jungla yacían en el suelo de la caverna que habían hallado casualmente a penas a unos metros de su entrada. La joven se encontraba con la espalda apoyada en el costado de su yegua, vigilando de reojo el cielo con expresión angustiada.
-Oye, no nos has dicho cómo te llamas -Dijo Peder acercándose a ella tras unos minutos, a lo que la chica contestó con un murmullo inteligible -¿Cómo dices? -Insistió Peder, recibiendo otro murmullo, ligeramente exasperado -Coge aire y vocaliza, humana, que no te entiendo -Insistió una vez más.
-Potrodelviento -gruñó con enfado la nómada, pronunciándolo claramente esta vez.
-¿Ves?, no era tan difícil ni te pasó nada por decirlo- contestó el otro encogiéndose de hombros, ignorando el enfado de ella -Yo soy Peder, Peder Rocafría, soy un janar Colatejón ¿sabes lo que es?, no, seguro que no. Sólo nos conoce la gente de las montañas y tu eres del llano -La yegua se sacudió molesta y empujó con su cabeza a la joven pateando el suelo con una pata delantera, visiblemente enfadada.
-Perdooona -Contestó la orminón a su montura, luego se volvió hacia el janar -Ella es Makaala, es mi Ormian, er... mi compañera, para que me entiendas -La yegua estiró el cuello orgullosa, Peder la acarició sorprendido por la inteligencia de aquel magnífico animal -Fue ella la de la idea de rescatarlos -Reconoció la joven y la yegua asintió gravemente con un suave bufido.
-Pues gracias Makaala, y también a ti Potrodelviento. Esos tipos me pillaron revolviendo una bolsa, ¡pero no era de nadie!, estaba ahí tirada, además sólo quería saber qué tenía, no soy un ladrón ¿sabes?-
-Deberíamos alejarnos de la entrada -Comentó ella ignorándolo, obviamente preocupada por el estado del cielo, cada vez más encapotado.
Peder siguió su mirada hacia el enorme remolino de pesadas nubes que habían vuelto el aire agobiante.
-Yo estoy de acuerdo- contestó Adán levantándose, resuelto a adentrarse en la caverna.
-¡Chsseeee!, quieeto -exclamó el janar deteniendo al salvaje -Las cuevas desconocidas pueden ser peligrosas, se te puede caer el techo encima y aplastarte, ¿entendido?, voy yo delante -Y comenzó a andar escudriñando las paredes y el techo de la cueva con plena seguridad -Soy un profesional ¿sabes?, entre mi gente era prospector, ¿sabes lo que es?... No, claro que no. Me dedicaba a entrar en cuevas como esta para buscar materiales, ya sabes, metales y piedras preciosas. Bueno, esta cueva tiene buena pintaaaa... -Su voz se perdió hacia abajo, el suelo había cedido bajo sus pies, Adán, que iba muy cerca no pudo reaccionar a tiempo y también cayó por el agujero aplastando a Peder con un ruido sordo seguido por el chasquido de una reja de madera y lianas al cerrar el hueco.
Potrodelviento se asomó a la reja viendo al enorme salvaje despatarrado sobre el janar, que luchaba por volver a llenar de aire sus pulmones. Makaala dio un bufido de advertencia y ella preparó su arco.
-¿Quién está ahí? -Llamó ella puesta en guardia mientras trataba de ver lo que se ocultaba en la oscuridad de la caverna.
-No ssoiss bienvenidoss- siseó una voz desde las sombras, el eco hacía que el silbido de su voz le arañase terriblemente los oídos. De pronto una sensación de pánico comenzó a invadirlas a ambas forzándolas a retroceder, primero un paso, luego otro, la flecha traqueteaba contra el arco casi a punto de caerse de sus temblorosas manos.
-N.. no sabíamos que la cueva est..estaba ocupada.
-¡Marchaoss! -Silbó aquella voz que parecía apuñalar los oídos, incrementando aquel temor sobrenatural que atenazaba a la nómada y su órmian.
-Po..por favor, déjenos quedar aquí, en la entrada- rogó mirando de reojo al exterior temiendo el amenazante remolino celeste, como un oscuro ojo lleno de ira, un ojo que sin duda la vería si se atrevía a salir a campo abierto -se lo ruego -insistió -no nos adentraremos más allá de la trampa, ¡y nos iremos al amanecer!, pronto anochecerá y la tormenta no nos dejará llegar al pueblo- se hizo el silencio por unos instantes, como si aquello que gobernaba la caverna sopesase su ruego a la vista del extraño clima.
-El dioss de la issla está irritado... al amanecer debeiss dessaparecer-
-Lo haremos, de verdad-
En las tinieblas surgieron dos puntos dorados, luego emergió una silueta que poco a poco fue avanzando hasta la luz, tomando la forma de un hombre de cuerpo enjuto y fibroso vestido con un faldón y una camisa con capucha hecha con piel de serpientes diversas, llevaba largas y afiladas las uñas de pies y manos, el pelo largo y enmarañado sujeto por una tira de piel de serpiente. Por un instante se sintió atravesada por aquellos ojos de pupilas rasgadas, luego, el ermitaño se acercó a la reja y tras un rápido vistazo la abrió.
-¿Dónde esstá el otro?, la criatura pequeña -preguntó al salvaje.
-Cavando una salida -Respondió Adán sin reparos a su captor, señalando un hueco a escasa altura del fondo de la fosa. El hombre serpiente dudó un momento y luego lanzó una cuerda de lianas.
-Ssuban- Dijo sin más, alejándose a una distancia prudencial del borde de la fosa.
-¡Peder, deja de cavar, tenemos una cuerda para subir! -Llamó Adán a su compañero de encierro, que ya llevaba excavados un par de metros en aquella tierra blanda.
-¡¿En serio?!, ¡pero si ya llevo medio túnel... !
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