jueves, 4 de abril de 2013

La Soledad del Inovaian

La soledad es algo muy importante en la vida y obra de cualquier artista, sea de la rama que sea. No se puede pintar, escribir o diseñar una obra maestra con diez personas mirando por encima de tu hombro cómo lo haces y haciendo comentarios. Gracias a la soledad, el creativo puede entrar en un estado de concentración que le permite trabajar en su obra con precisión y calidad, tomándose el tiempo necesario para perfeccionar su obra y ponerse en comunión con su inspiración.

Sin embargo, como con todas las cosas, la soledad es también peligrosa para el artista. Cuántos no se han vuelto personas hurañas, antisociales y oscuras, como ermitaños artísticos, por culpa de un exceso de soledad en pos de mantener casi permanentemente ese estado de concentración. El ser humano no está hecho para estar solo, necesita de otras personas para ser alguien completo tanto a nivel psicológico como emocional. Por si fuera poco, el ser humano tampoco se lleva bien del todo con lo estático, queramos o no siempre hay un momento en el que necesitamos del cambio para sentirnos bien y el arte más que ninguna otra disciplina, necesita de estímulos para nutrirse, crecer y fortalecerse, así como en una casa se abren las ventanas para que la luz y el aire renueven el interior. Pero también sucede lo contrario, grandes genios se han malogrado por un exceso de compañía (normalmente fruto de su éxito artístico y fama), dejando en un segundo plano aquello para lo que eran geniales, a menudo bajando terriblemente su calidad y propiciando su caída en desgracia.

De modo que para cualquier artista, es vital alcanzar un equilibrio sano entre la soledad y la compañía, entre lo estático de su lugar de trabajo y el cambio. Muchos grandes artistas comprendieron esto y emprendieron viajes para llenarse de experiencias que luego transmitieron a su arte. También muchos han sabido compaginar su trabajo artístico con sus relaciones sociales tanto de la familia como amigos y desconocidos e incluso les han incluido en estos procesos.

A título personal en este sentido, nunca trabajo tanto, tan rápido, tan bien y con tanta ilusión como después de mostrar a mis allegados de confianza en lo que ando metido y comentarlo con ellos, independientemente de si les gusta o no, de hecho, a menudo esas conversaciones hacen que vea mis ideas con una perspectiva diferente y, aunque no necesariamente hago caso a lo que me dicen (hay que tener criterio propio), si es cierto que, gracias a esta fresca y diferente visión de la obra, muy a menudo he terminado haciendo algo mucho mejor que lo que iba a ser originalmente.

Como conclusión, resumo: El artista que quiere llegar lejos debe ser sabio para equilibrar la soledad necesaria para trabajar, las experiencias que le han de llenar de ideas y rodearse de personas fieles, sinceras y con criterio que deben desafiar sus ideas y juzgar con amor su obra. Así podrá pulir la joya de su arte y con ella deslumbrar al mundo.

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